lunes, 30 de mayo de 2016

Para estos murgueros el carnaval se baila durante todo el año

Semanario Nº 871 marzo 1996 Editorial Perfil

Entrenan, además, para participar en marchas y actos benéficos
Para estos murgueros el carnaval se baila durante todo el año
El taller de Coco Romero capacita a los amantes del corso y la comparsa. Se aprende canto, baile, y a hacer instrumentos y diseñar disfraces.

Yo trabajo más durante todo el año que en carnaval. Esto es algo que se prepara durante meses”, explica Coco Romero, “murguero” de alma y de profesión, mientras trae un bombo blanco decorado con porteñísimo y carnavalescos filetes.
Coco  Romero dicta taller de murgas en el centro cultural Ricardo Rojas, de donde “en casi ocho años de trabajo ya salieron tres murgas: “Los traficantes de matracas”, “Los quitapenas”, y “Los acalambrados de las patas”. Son murgas de unas treinta personas, con las que podemos trabajar todo el año, no sólo para el carnaval, sino también para participar en marchas, huelgas o eventos a beneficio de algún hospital”.
Coco Romero rescata este canal de expresión popular: “La murga tiene un origen, una identidad y una opinión acerca de la realidad y las refleja en sus canciones. Pero el carnaval siempre cargo con la censura, porque el poder le tiene miedo a esa cosa de la gente en la calle, con disfraz, divirtiéndose. De hecho, en nuestro país, el festejo del carnaval está prohibido por decreto todavía desde la época de la dictadura militar”.
Sin embargo, tanto desde los talleres del Rojas como desde varios barrios porteños, la ciudad de Buenos Aires se anima, con cierta timidez, a las comparsas y los corsos. Romero supone que: “La mayoría de la gente sabe más del Carnaval de Brasil que del de Entre Ríos, por no hablar del de General Villegas, que está a siete horas de Buenos Aires, casi ni se menciona”. Esto sucede, aventura Romero, “porque cada fenómeno cultural necesita una industria que lo rodee, si no se cae”. Y explica que no solo el turismo, sino también la industria discográfica o la editorial pueden estar ligados a los festejos del Rey Momo.
En el taller se enseña a cantar, bailar, pero también el concepto de la murga y del disfraz. Las murgas pueden ser tradicionales y solo contar con bombo con platillos y silbato; o bien ser más innovadoras y agregar otro tipo de instrumentos; Coco Romero las acepta a todas y apela a un cartel que vio en los carnavales de Cali, que proclamaban “Viva la diversidad”. No solo en el Centro Cultural se desarrolla la tarea de Coco Romero, que además formo murgas, por ejemplo, en colegios secundarios. Romero acepta la responsabilidad”, de transmitirles a los chicos la idea y el concepto de los festejos de carnaval para que “si bien ahora no hay lindas murgas, las haya dentro de un tiempo”…
     Mientras los chicos tocan el bombo, los grandes bailan al ritmo de la música.

     A pesar de que sigue teniendo gran repercusión, el carnaval continúa prohibido por decreto.
 
 Coco Romero es el principal responsable de la creación de tres murgas porteñas; Los    traficantes de matracas”, Los quitapenas”, y Los acalambrados de las patas”. No necesitamos de este periodo para demostrar lo que sabemos, trabajamos todo el año”, asegura.

viernes, 27 de mayo de 2016

Las murgas porteñas... Andrés Valenzuela- Revista Cabal

  • ActualidadDecisorio
Las murgas porteñas vienen marchando
Las agrupaciones de distintos barrios preparan sus espectáculos y sus trajes característicos para el carnaval. Entre la tradición popular y la polémica organización oficial. Juventud y desafíos.
En algún lugar de Mataderos, una piba con zapatillas de lona salta sobre la vereda. Revolea su pie sobre el asfalto, al ritmo del bombo y el redoblante. Lo hace durante varias horas, con otros 50 jóvenes que comparten su devoción por el dios Momo. Como ellos, hay centenares de pibes y pibas que cada año se preparan para bailar durante febrero en los corsos de Buenos Aires, en los que participan decenas de murgas porteñas.
Se trata de chicos que cuidan la levita con los colores de su agrupación con tanto o más cariño que la de sus clubes de fútbol; que aprenden a coser lentejuelas solo para hacer los apliques que los distinguen de sus compañeros; que se le animan a los firuletes de colores en las caras, sobre las barbas y a la tafeta (que se arruina con la espuma) en pleno calor de febrero. Pibes que paran en la esquina, porque la murga es un fenómeno barrial, no de calzado importado ni de festivales vendidos por un portal de Internet. Una pasión que, a fuerza de saltos, ensayos y funciones de fin de semana, destroza alegremente zapatillas.

La murga porteña no siempre tiene buena prensa. A diferencia de otros carnavales, cuyo colorido se pondera, cuya trastienda se muestra por televisión, rara vez los pibes humildes de los barrios porteños tienen una cámara que los enaltezca. La única trastienda que la mayoría de la gente ve, son los ensayos en las plazas que muchas murgas hacen a partir de noviembre o diciembre. Pocos advierten el esfuerzo que supone  desfilar ordenadamente al entrar al escenario de un corso, o los ensayos necesarios para que los músicos suenen como un verdadero conjunto. Luego, como siempre, hay murgas mejores o peores, que gustan más o menos. La clave, aseguran los que saben, está en otro lado.

Detrás de escena
«Nosotros estamos en pleno ensayo desde octubre, viendo qué vamos a hacer», cuenta Ricardo Talento, director de los reconocidos Descontrolados de Barracas, una de las mejores murgas locales. Pertenecen al Circuito Cultural Barracas, un referente notorio del teatro comunitario argentino, y eso influye notoriamente en su propuesta. «Nuestro proceso creativo depende de qué queremos hablar cada año, nuestra murga toma una temática y la desarrolla», explica el director.«Este carnaval retomaremos un espectáculo de hace seis años: lo estamos modificando, porque hablaba de la xenofobia, el barrio, el miedo a las migraciones y cómo eso se ha ido acentuado. Vamos a ir por ese lado», completa.
Claro que no todos los murgueros están al pie del cañón desde octubre o noviembre. «Uno por laburo o por distintos motivos, tiende a correrse o priorizar otras cosas, pero ya en diciembre empezamos a aparecer todos otra vez», confiesa Pache, como la conocen sus compañeros de los Descontrolados. «Por un lado están los ensayos y por otro el cuidado del traje», explica. «Hay murgas que se lo plantean como identidad, todos tienen levitas súper preparadas y decoradas a las que les prestan muchísima atención. Otras lo dejan librado a la individualidad de cada murguero», agrega.
Los colores se comparten porque identifican al grupo, pero los apliques hablan del murguero. Hay personajes populares (casi siempre hay algún Clemente, una Mafalda), cuadros de fútbol (en la misma murga conviven escudos de equipos rivales) y hasta logos de bandas. «El traje es el espacio donde cada uno pone lo que le gusta, por eso hay mucho amor por la levita propia», define Pache.

Los de Barracas, cuenta Talento, normalmente recién salen en la segunda semana de carnaval, ya con el espectáculo afianzado y con la organización clara. Desde la asunción de Mauricio Macri como jefe de Gobierno porteño, las murgas peleaban cada enero por su calendario. En los últimos años, los corsos se redujeron a una treintena y no hay cronograma sino hasta último momento, pero esa situación parece haberse estabilizado.
Coco Romero, historiador y autoridad indiscutida en el país sobre el fenómeno carnavalero, advierte contra esta costumbre del Gobierno porteño. «Una buena fiesta no se puede organizar sin tiempo. Las cosas acá aparecen, pero para que funcione realmente bien, tienen que tener un tiempo de preparación», señala. «El resultado es que los carnavales de la ciudad no tienen mayor visibilidad, compiten con otros más organizados y estructurados», concluye.
Romero compara la estructura de los corsos porteños con las comparsas de Gualeguaychú, las murgas montevideanas y las megaproducciones de Río de Janeiro, tres espacios cercanos que funcionan muy bien para la industria turística y cultural. «Son fenómenos carnavalescos que han tenido un sistema de concursos importante», señala. Y lamenta que muchas murgas porteñas se queden en su función social, sin reparar en la importancia de sumar una propuesta artística. «A esta altura del partido, alguien canta bien o canta mal», critica. «Si no pasa que premiamos con un cachet importante a un grupo de afuera porque lo hace bien, pero no fomentamos a nuestros jóvenes a que lo hagan correctamente», sostiene. Romero es tajante: dejar las cosas para último momento perjudica la calidad del festival y menosprecia el esfuerzo de miles de jóvenes que se preparan con antelación para –en muchos casos– la única ocasión que tendrán de ser vistos como artistas por sus vecinos.

Cultura de la calle
Por sus características populares, la murga atrae a un montón de jóvenes y niños que rara vez encuentran un lugar en otras expresiones artísticas. Con su sede ubicada a cuadras de barrios carenciados, los Descontrolados suelen recibir a chicos humildes en sus filas. «A nosotros se acerca un sector del barrio que no viene para hacer teatro, un sector que con la murga sí se siente con derecho a participar», comenta Talento. En la murga –que al cabo cruza música, poesía, plástica y danza– muchos descubren otros intereses y luego se incorporan al teatro u otros espacios culturales del barrio.
«El arte sirve para la inclusión social», asegura Pache. «Pero la murga es más accesible, porque es la menos elitista: es una expresión de la calle, nace y se produce ahí. Entonces es mucho más fácil identificarse», dice. Murga, promete a los futuros húsares de Momo, baila cualquiera.«En los talleres uno busca transmitir eso: más allá de la técnica, de que tenemos que buscar un proyecto de calidad, murga podemos hacer todos. No hay casting previo. Y eso es inclusivo».

El murguista también pondera la solidaridad que se genera puertas adentro de cada agrupación.«¿No sabés coser un aplique? Alguien te enseña, te ayuda. Eso surge de la necesidad y de la obligación de compartir espacio con otra persona, de tener un mes al año donde prácticamente convivís entre ensayos y funciones. Hay murgas que incluso tienen la suerte de viajar y conocer otros lugares, eso te lleva a conocer otras realidades y siempre construyendo un proyecto conjunto, que te hace sentir parte de algo. Hoy por hoy, no es algo menor».

Para Romero, en tanto, la murga debe superar su mera función de espacio para desahogar penas y frustraciones. Al cabo, se trata de un hecho artístico. Algo que para él resulta tan claro, no es visto del mismo modo por otros exponentes del sector. De hecho, entre las agrupaciones hay desavenencias y distintas miradas de cómo debe ser una murga y cómo plantearse ante el hecho artístico. «La murga es de los jóvenes, de los pibes que van y ensayan con todas las pilas, más allá de algunos empedernidos», destaca Romero. «Esos jóvenes tienen que encontrar ese interesante lugar creativo. Y ahí hay una responsabilidad muy grande de nosotros, los veteranos, de convertir esa voluntad en un hecho creativo. Si solo es utilizada como contención social, la patinamos. Hay que tender puentes con la expresión: bailar, cantar, escribir».
En sintonía con Romero, Pache admite que la «murga es un espacio de contención y es buenísimo que lo sea, pero no podemos quedarnos en eso. Porque, al mismo tiempo, somos una expresión artística popular y tenemos que estar a la altura», desafía. «Si no vamos a seguir siendo eternamente el género bastardeado, al que nadie le presta atención porque parece que no hay nada bueno para ofrecer», subraya.
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Andrés Valenzuela
Nota reproducción de Acción Digital Nº 1162

jueves, 26 de mayo de 2016

Coco Romero y Los Vengadores Pigüe , 1999

Reflejos Pigue diciembre de 1999
Con Coco Romero y “Los Vengadores”:

LA MURGA REVIVIÓ EN PIGUE.
Después de una clase de dos días brindada por Coco Romero el pasado lunes y martes en el Club Peñarol, quedo conformado un grupo de Murga que intentara revivir esta tradición popular en nuestra ciudad.
Con gran carisma y con toda la alegría del carnaval, el pasado lunes y martes, llego hasta nuestra ciudad, el murguero Coco Romero, para ofrecer dos clases en un taller organizado por la Dirección de Planificación y Desarrollo  Económico de la Municipalidad de Saavedra. Pigüe, en conjunto con la Secretaria de Cultura de la Nación.
Más de treinta personas en su mayoría jóvenes, se acercaron para participar del taller. Y ya quedó conformada en nuestra ciudad un grupo de murga que intentará revivir, la alegría del carnaval. Su nombre: “Los Vengadores”.

Coco Romero
Es un intervalo, durante la clase del martes, Coco Romero dialogo con Reflejos acerca de lo que significa transmitir la alegría de la murga en estos días de fin de milenio.
“Esto de la murga es algo que se necesita transmitir para que revivía, el pueblo necesita alegría
frente a esta realidad que nos aplasta...”, confiesa  Romero a poco de iniciada la charla.
Desde hace mas de 20 años que Coco Romero anda en esto de tratar de organizar la alegría a través de la murga, y desde 1988 que se encuentra trabajando en el Centro Cultural Rojas de la UBA, en Capital Federal ,realizando cursos y brindando asistencias técnicas  a través de Nación, como el taller que ofreció en nuestra ciudad.
El Corsito
Desde el Centro Cultural Ricardo Rojas, Romero edita un periódico dedicado a la recuperación de la alegría del Carnaval. El Corsito, que es de distribución gratuita es un espacio para la memoria que sale a la calle desde hace unos 5 años.
Historia de la risa
Romero nos cuenta que uno de sus más queridos proyectos se encuentra la de confeccionar una Historia de la Risa. Recuperar el pasado a través de la alegría. “No entiendo porque la historia se centra en los hechos más terribles de la humanidad. Creo que es algo por hacer, realizar una tarea investigativa y recuperar la historia de la risa en nuestro país, de las Fiestas Populares…”.
 Por esta razón, y por su trabajo en el centro Cultural, Romero realizo un viaje al norte de Argentina, buscando el origen de las Fiestas Populares, del Carnaval “que me parece que son la base y la clave de la cultura de los pueblos” opino el murguero.

En Pigüe
En nuestra ciudad, Romero ofreció dos clases-taller donde los participantes vieron videos, aprendieron los pasos murgueros básicos y algunas letras que fueron el puntapié inicial para confección de letras propias. El grupo de jóvenes alumnos se autodenomino ¨Los vengadores”, y luego de dos clases quedaron casi de cama, ya que a Coco Romero no perdió tiempo durante las cuatro horas que duro cada clase de taller.
“la idea es que a partir de acá reviva la murga Pigüe. El año que viene, tal vez vuelva en dos o tres ocasiones para ver como sigue esto y también seguir con alguna otra clase-taller…”explico el docente.

Una letra
Retirada de Villita
Se marchan estos murgueros conjunto famoso murga sin igual,
que de la calle Corrientes hasta aquí llegaron haciendo alegrar.
Los bombitas, los cantores y también los tonys, supieron brindar.
Hoy toda la algarabía y la simpatía de este carnaval.
Los murgueros se van, ya se presentaron.
Los murgueros se van, ya se va el murgón.
Los murgueros se van, de este barrio famoso
pero volveremos con el corazón.
Cuando sientan que se alejan los breves momentos de felicidad
muy urgente acudiremos como reclamando la oportunidad
de dejar en una estrofa la gracia del verso para alimentar
junto con el movimiento el alma de ustedes así  conquistar.
Los murgueros se van, ya se presentaron.
Los murqueros se van, ya se va el murgón.
Los murqueros se van, de este barrio famoso
 pero volveremos con el corazón.
Ya verán a las mascotas y a los directores como bailarían
sus cuerpos como resorte para demostrar que son sin igual.
Bueno ahora al retirarnos solo pediremos que sepan brindar
un aplauso muy sincero pero prometemos pronto regresar.


martes, 17 de mayo de 2016

Coco Romero "La estética murguera se desparramó gracias a los grupos de rock" Rev: Picadero 2001

CARNAVAL

El carnaval se celebra de maneras muy diversas en las distintas ciudades del país. Las tradiciones culturales se imponen con fuerzas a la hora de adorar al Rey Momo. En esta pequeña producción asoman dos buenos ejemplos,  el de Capital Federal y el de Corrientes, quizás uno de los espacios más emblemáticos a la hora de este festejo.

Coco Romero 
La estética murguera se desparramo gracias a los grupos de Rock”
Mauro Apicella desde Capital Federal revista Picadero febrero 2001


Los inmigrantes españoles, las comunidades barriales y hasta los rockeros, han encontrado y encuentran en la murga una expresión de libertad, que año a año, no solo va profundizándose, sino además busca perfeccionar su técnica. 
Si algunos libros de historia destacan los bailes de carnaval en la época del virreinato, y dicen que en 1869 se realizo el primer corso oficial. Porque en el siglo XXI llama tanto la atención la presencia de la festividad del Rey Momo en las calles porteñas.
Para empezar, se pueden reunir algunas cifras y hechos; Una década atrás la ciudad tenía 10 murgas y hoy cuenta con más de 100; en 1997 estas agrupaciones fueron reconocidas como patrimonio cultural de la ciudad mediante la ordenanza nº 52.039 y se creó la Comisión de Murga del Gobierno de Buenos Aires para promover las actividades de Carnaval. Este año, el carnaval fue protagonizado por cerca de 10 mil adeptos en 50 corsos barriales.
Mientras tanto, las asociaciones murgueras intentan devolver a esta fiesta popular el lunes y el martes de feriado nacional, suprimido en 1976 por la última dictadura militar, a través del decreto 21.329.
Pero la prohibición no es la única culpable de que el carnaval quedara reducido a una minina expresión barrial durante un par de décadas. Porque para hablar de prohibiciones sobran los antecedentes, algunos tan lejos como cuando el Imperio Romano se convierte al cristianismo. En aquella época se intentaron abolir las mascaras por ser consideradas inspiración del Diablo. Otro caso (solo por mencionar un par) es el Virrey Vértiz, en el Rio de la Plata, quien en 1771 restringió los bailes a lugares cerrados para evitar los escándalos que provocaban los negros en la calle. Sin embargo las mascaras y los bailes de los negros sobrevivieron. Para profundizar un poco más en el alcance de la censura y en el aparente resurgimiento del carnaval porteño vale la pena conversar con un especialista como Coco Romero, músico, director de la revista El Corsito y coordinador de los talleres de Culturas Populares del Centro Cultural Ricardo Rojas, un espacio que hace quince años se convirtió en semillero de agrupaciones locales.
La gota que faltaba
Primero me detendría en los distintos segmentos de lo cultural para ver que visión han tenido de la Cultura del pueblo-comienza Romero-.Hay un ejemplo que siempre menciono: 
Caetano Velloso desfila en una Escola de carnaval. Entonces: ¿Que paso con los intelectuales y los artistas, o con la gente que tenía el teatro del pueblo a la vuelta de su casa y fue a tomar clases al centro? También hay que estudiar el pensamiento. Porque a partir de la década del cincuenta los sectores llamados progresistas fueron bastante crueles con el festejo del pueblo”.
Según Romero, la prohibición del carnaval era “la gota que faltaba”. Quizás una de sus principales efectos sea el vacio que genero sobre esta expresión popular. Pero también asegura que las murgas nunca dejaron de salir a la calle: Hay mucho de leyenda en esto”, aclara.
A dos décadas y media de la intervención militar, el investigador prefiere no cargar las tintas sobre “la estocada” del decreto Nº 21.329.Creo que hay que ponerlo en el contexto histórico .Porque el Golpe Militar prohibió muchos feriados. Y más tarde cada sector afectado pidió que se los devolvieran. Pero el carnaval no tenía fuerza para reclamar su espacio”.
La expresión teatral
En los cursos y talleres del Rojas se presenta a la murga como una  “Teatralidad popular emergente de la cultura urbana, en sus códigos verbales, no verbales y símbolos”. Una definición que puede resultar llamativa para aquellos que reniegan de algunos vínculos evidentes.
El origen de la murga se les adjudica a los gaditanos. Pero a Buenos Aires entro con los grupos de zarzuela. Cuando vino el aluvión inmigratorio los teatreros sabían que llegaban al Rio de la Plata con un público que los esperaba, porque todos sus paisanos estaban acá. La información más clara esta en el Uruguay porque la primera murga se llama La gaditana que se va. Aunque la estructura llega de manos de los teatreros, en la Argentina es un fenómeno del que no se tiene mucha información .Pero, esencialmente, el  disfraz, el canto y la puesta en la calle genera un espacio escénico. Allí concluyen todos los ingredientes relacionados con el arte teatral.”
-Romero, ¿no le parece que se la considera una expresión disociada del teatro? quizás por eso llamo la atención cuando aparecieron elementos de la murga en el teatro callejeros.
-Lo que sucede es que hasta la década del sesenta la murga fue colocada en un margen. Son contados los músicos y los teatreros que se metieron en la murga. La película Mocosos y Chiflados es un ejemplo. Allí el realizador Eduardo Mignogna  da en la tecla porque escenifica la idea que se tenía hasta el momento. Con la democracia se genera un movimiento incipiente. Aunque todavía hay grupos tradicionales de murga que reniegan del  teatro. Y los que no son tradicionales se presentan como teatro-murga, coral murga, porque todavía no encuentran esa unión que mucho depende del tiempo.

“La murga propone una asociación libre, en el barrio, con teatralidad y canto, con ese desparpajo del movimiento y la expresión constante en el decir “

-¿Del tiempo o de investigar un poco? 
- De las dos cosas .Creo que hubo una pared que fue tapada y siento que este momento es interesante porque la juventud participa, y porque no hay una difusión dirigida. La murga crece sin ningún tipo de aparato. Está hecha por los pibes, no por la municipalidad.
-¿El apoyo del estado no es un buen incentivo?
Cuando los oficia listas de ahora eran opositores apoyaban mucho más. Este año la programación de los corsos fue difundida dos días antes. Y muchos no tenían sonido. Por eso la organización de los grupos otorga un espacio de respeto. El crecimiento artístico es la etapa que tiene que venir.
-Para muchos jóvenes ¿la murga, es una moda’?  
La estética murguera se desparramo en todo el país gracias a los grupos de rock de gran convocatoria. Fueron pequeños matices, pero han servido para mostrar gestualidad, baile, desparpajo. Hace cinco años fuimos con Los Quitapenas a abrir los recitales de Divididos en el Estadio Obras, y cuando cruzamos entre la gente nos dimos cuenta de que se venía el tole tole. Porque esos miles de pibes bailaban murga. EL “estado murga “corporal ha tenido una seducción muy grande. Y por supuesto, en semejante movimiento también hay algo de moda.
-¿Que otros elementos se suman o vuelven a la murga?  
Se suma la incorporación de la mujer. Porque la murga fueron estructuras machistas y ahora la mujer tiene gran participación y le da un gran aporte. Por otro lado, la recuperación del parche como sentimiento de grupo hacia algo propio, fuera de otros ámbitos, como la manifestación política, por ejemplo. Y, por último, la murga propone una asociación libre, en el barrio, con teatralidad y canto, con ese desparpajo del movimiento y la expresión constante en el decir. Esto es lo que han tomado los grupos del Rock. Creo que la frutilla en ese postre la ponen Los Redondos con su Momo Sampler, con la concurrencia a esa murga que viene, con ese carnaval de las almas y un terreno espiritual. Porque cuando hablas con los pibes, la idea del Momo, esta deidad de la crítica, va generando discursos poéticos interesante. Hoy todas las murgas cantan: hay por lo menos trescientas canciones que no se reproducen porque no están adentro de los mecanismos de la producción cultural. Y hay cien murgas y la gente tiene cien posibilidades. Yo le diría a la gente que, si tiene una murga a la vuelta de la casa, se acerque. Lo digo porque el folclore barrial es divino. La estética del carnaval se aprende y se divulga en la calle. Y el trabajo que hacemos en el Centro Cultural va mucho más allá del taller. Nosotros ahora ofrecemos información y buscamos amplitud. Así se pueden lograr cosas como la obra Los indios estaban cabreros, de Agustín Cuzzani, que se monto en el Teatro Nacional Cervantes. La pieza incluida una cuarteta de murga de la década del cuarenta. Rubén Pires, el director, decidió armar una murga de actores, y los resultados fueron impresionantes. Bienvenidos todos los trabajos en el campo del teatro porque son cajas de resonancia para los murguistas.
¿Por qué se acercan los actores a la murga?
Creo que es porque se va recuperando el género. En la murga esta el cuerpo, el baile y el canto. Cuando hicimos el casting para esta obra nos encontramos con gente que no podía bailar. Y eso que la murga tiene una danza muy libre. Lo importante es que la información baje porque es una expresión que no tiene un aparato de difusión. Eso me gusta. Hoy te encontrase con los grupos que buscan la tendencia del canto, los tradicionales que mantienen el color, algo importante y necesario, y también se ve una renovación natural.
-Recuperar el feriado de carnaval es importante solo si existe una base solida para aprovecharlo.
-Claro. El movimiento es grande, por eso el municipio tiene que poner mucha energía. Para esto hay que comenzar a trabajar mañana .Porque el carnaval es una puesta en escena que no se puede amar en un día...


Teatro abierto, un buen punto de partida
El murguero, músico e investigar  Coco Romero  recuerda la quema del  teatro El Picadero, en 1981, como un ejemplo “emblemático” de la movilización artística en los años del proceso.-en El Picadero se realizo la primera edición de Teatro Abierto. Participaron 21 autores y 21 directores y el tema que desarrollaron metafóricamente fue el de la opresión, algo que molesto al gobierno de facto--.Luego del incendio del Teatro se hizo un cortejo hacia el Parque Lezama para quemar la censura. Fue gente del Teatro, del circo, las murgas. Ahí hubo algo que termino de cerrar en mi cabeza”, recuerda. En esos años Romero participaba en un grupo musical;”Hacíamos Murgas. O sea que eso estaba latente, como un elemento que nos seguía”. Luego llego el video de Mignogna, Mocosos y Chiflados y su admiración por murgas como los Mocosos de Liniers, que resistieron a los años en que el carnaval se mantuvo es un estado de letargo.

En 1968, junto a Ricardo Santillán Güemes realizo un seminario de dos meses, Murga, fiesta y  cultura, con varias agrupaciones porteñas en el Centro Cultural Rojas. Desde entonces, allí instalo su centro de investigación y producción murquera. De sus talleres salió más de una docena de murgas que hoy animan los carnavales de la ciudad. “Fueron varias, quizás Los Quitapenas es la más importante. La gente vio ese trabajo, pero ahora nuestro objetivo es dar información y ser lo más amplios posibles. La murga tiene una energía muy fuerte en su espacio espiritual y mítico”, asegura.